viernes, 8 de noviembre de 2013

Entendiendo el ordenamiento territorial

Pocas tareas son más complicadas que el de definir o enmarcar un proceso de tan alta complejidad como el que nos aborda en esta oportunidad. El territorio es un concepto con tantas definiciones como visiones existen sobre él, por lo que los sucesivos conceptos de ordenamiento territorial sufren las mismas polisemias. Una diversidad que no es mala de ningún modo, es parte de la compleja naturaleza de un ente que ha sobrevivido las mismas vicisitudes de nuestra raza, y hasta a veces la ha condicionado y determinado.

Porque podemos entender el territorio de varias formas, pero solo una podrá darnos la visión más acertada de su naturaleza. Es aceptado por todos su cualidad dual, en tanto que relaciona procesos y factores; dinámica y estática del territorio, convirtiendo esa naturaleza dual en compleja relación sistémica, haciendo de lo dual, algo necesariamente único e integral.

Porque si nos enfocamos en los procesos (dinámica), advertimos como principales actores al ente biológico (humanos incluidos), que desarrolla profundas relaciones con su medio adaptándolo y adaptándose. Si nos enfocamos en los factores (estática), los actores principales ahora son los entes físicos (abióticos) que moldean y determinan las condicionantes de esos procesos. Como vemos, indisociables desde cualquier punto de vista.

Por eso, cuando hablamos de ordenamiento territorial, hablamos de territorio, en su concepción más holística, esa misma que sintetiza en un solo término, estática y dinámica sin haber forma de disociarlos.

El ser humano, siempre en su posición privilegiada, adopta este concepto intrínsecamente para su beneficio, obviamente. Beneficio absoluto, pues hasta cualquier extremo conservacionista es siempre pensando en el beneficio de generaciones futuras. He aquí el concepto de sostenibilidad. Y es que después de cientos de años de explotación de recursos sin miramientos empezamos a entender que este camino extractivista se nos hará insostenible en algún punto. Tal vez más cercano de lo que esperamos.

Es por esto que tenemos que explotar “con cuidado”. Tenemos que ocupar con “cautela”, en fin, tenemos que desarrollar nuestras actividades tomando algún criterio de “sostenibilidad” para que nuestra sociedad siga floreciendo. Y como el objetivo es el tan mentado “desarrollo” nos hacemos del ordenamiento territorial como instrumento de gobierno para alcanzarlo. Pues ¿Qué otro concepto nos da la mirada holística que necesitamos? ¿Qué otro instrumento nos da la posibilidad de mirarnos de esta forma compleja en la que funcionamos en la realidad?

Se hace obvio el carácter político (de gobierno propiamente dicho) de esta herramienta, que no es otra cosa que una manera de gobernarnos de modo tal que podamos sobrellevar las innumerables peripecias que aparecerán en nuestro devenir humano. Especialmente la que la naturaleza nos imponga. (Peligros naturales y cambio climático incluidos).

Y como el objetivo responde a intereses propiamente humanos, es la visión que tenemos de nosotros mismos, la que dirige y gobierna el ordenamiento territorial. Una visión que, en teoría, deberíamos compartir todos. He aquí su carácter participativo[1].

Una visión que definitivamente determinará lo que se puede y no se puede hacer sobre nuestro territorio, lo que al mismo tiempo significa que determinará lo que nosotros (de forma individual o colectiva, pública o privada) podamos o no podamos hacer en él, pues como vimos, somos parte integrante del mismo. Por lo que se evidencia su carácter mandatario (de obligatorio cumplimiento). He aquí su compleja característica de toma de decisiones.

Y como la planificación es la toma de decisiones por adelantado, tiene en esto su dimensión planificadora.
Por todo esto, podemos decir que el ordenamiento territorial es el proceso de toma de decisiones concertadas (o no) sobre el accionar de una sociedad en relación con su medio geográfico que responde a una determinada visión de la misma. Proceso, al mismo tiempo, político y técnico.

El accionar de la sociedad puede tener diversas aproximaciones (o escalas). Podemos estar hablando de la sociedad peruana en conjunto, lo cual requiere una visión nacional de nuestro derrotero como sociedad para poder trazar nuestro camino que se hará posible a través del OT. O podríamos estar hablando de la sociedad urbana de San Isidro cuya imagen particular de su territorio responderá, de igual forma a su visión, en este caso netamente urbana. Lo mismo con el resto de los 1838 distritos existentes. E incluso podríamos hablar de una visión subdistrital, o comunal, o de una cuenca, o corredor económico, o región, o área natural protegida, etc. Podrían existir tantos ordenamientos territoriales como recortes del territorio existan, a diferentes escalas y no podemos negar ninguna, mucho menos prohibirlas. Lo que tenemos que hacer es integrarlas todas, articularlas, retroalimentarlas, etc. He aquí la dimensión multiescalar del ordenamiento territorial.




[1] Pero como en estas latitudes estamos en una democracia representativa, será la visión de la “mayoría” (o del que tenga mayor voz) la que predominará. Efectos secundarios de un inmaduro sistema político, del cual somos responsables todos (nosotros elegimos a nuestros representantes).

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