Vamos caminando al mercado de Ciudad de Dios de San Juan de Miraflores (desde mi actual casa por el colegio Precursores de Surco), pasamos por esta especie de Parque Industrial que esta cruzando la Panamericana. Luego viene una especie de bosque. A nuestra izquierda una pampa desolada (Entel), a nuestra derecha el bosque. Hay algunas casas semiconstruidas a medio destruir en ese bosque. Ella se detiene, yo observo extrañado, ella empieza a trepar esas paredes casi destruidas, no entiendo porque lo hace. Una vez arriba me grita "ven", yo obedezco aun extrañado, y luego se estira para alcanzar los arboles del bosque, ¿que querrá hacer? Es cuando me lanza unos frutos que atrapo algunos y dejo caer otros, son maracuyas! que rico! nuestro camino ahora se hace agridulce. Íbamos a pie al mercado Ciudad de Díos todos los días, y todos los días repetiamos esta escena. Algún dia le escuche una conversación con mi padre, ella le decía "ahora me ayuda con algunos kilos mas", yo sonreía orgulloso de mi fuerza.
Yo trabajaba en Surquillo, en el puesto de ropa de algún amigo de la familia. Era el día siguiente del año nuevo, primero de enero, amanece y yo estoy durmiendo, seguramente porque la noche anterior me quedé hasta muy tarde con los amigos o en la fiesta de mi tio, qué sé yo. Aparece ella y me despierta; Leeyo!, levántate se te hace tarde!. Pero hoy no voy a ir a trabajar. Y por qué no? Por que es año nuevo mamá! Qué cosa?. No se que pasa, son algunos jaloneos, no lo recuerdo bien, solo sé que termino en la puerta de mi casa con la ropa de dormir puesta, sin zapatos y la puerta cerrada de golpe frente a mi cara. Claro, yo estaba afuera en la calle. Puta madre! la odié. Sin un sol en el bolsillo no pude ir a ningún lado aún si hubiera querido. Solo caminé toda la mañana, descalzo por la pampa que había por mi casa. O me quedé sentado frente algún parque. Hora del almuerzo y mi estomago me reclamaba todavía el desayuno. Regreso sigiloso a la casa. Mi hermano había salido a comprar algo, le digo que cuando entre de nuevo a la casa, no cierre la puerta y me hace caso. Entro casí imperceptiblemente, mi casa no era grande. Paso por la mesa y veo un plato de comida servido. Que rico! Era el lechón de la víspera.
Domingo 08 de mayo del 2011, me despierto tarde, marco el teléfono y la llamo, me dice, ¿por donde ya estas? ¿ya estas llegando no? Sé que tarde o temprano me arrepentiré de no haber hecho este viaje.
1 comentario:
Excelente escrito Leo!!... si tu madre llegase a leerlo, estoy seguro que sabrá comprender que no pudiste llegar.
Un abrazo a la distancia.
John James.
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