Del otro lado de la moneda, viene la preparación del equipaje, que es la única cosa que me fastidia de viajar. Tantas chucherias y cachibaches a los que te has acostumbrado en tanto tiempo de vida sedentaria, y ahora las quieres llevar todas, como los millones de archivos informáticos que crees que algún día te servirán, pero ese día nunca llega, y cuando de repente por alguna mala maniobra se formatea tu disco duro y piensas en silencio.... uff que alivio no tener la culpa de perder esas milones de molestias, total, la vida continua.
El transcurso de viaje siempre es melancólico, sabes que te vas tal vez definitivamente, puede que no vuelvas a ver a esas entrañables personas que estas dejando o tal vez te alegras de dejarlas. El paisaje nuevo te da la bienvenida, es un nuevo clima, un nuevo espectáculo, recorres el horizonte ávido de encontrar cosas nuevas, siempre buscando.
El llegar es el climax del viaje, miras las casas, las personas, su forma de vestir, tratas de ubicarte, dibujas un mapa mental, preguntas por la plaza central (la mal llamada plaza de armas); por algunas tiendas, por el mejor restaurante, por donde esta el cajero de tu banco, etc.
Una nueva vida ha llegado, nuevos retos te esperan, ¿mas fáciles? o ¿mas difíciles? eso no importa, lo que importa es que la emoción ha llegado de nuevo a tu vida, y así si vale la pena vivir. Puerto Maldonado, bienvenido a mi vida.
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