viernes, 25 de diciembre de 2009

El papá mas feliz del mundo

La temperatura esta por los 33º. El río está cargado y ha inundado los muelles del puerto. Ha sido un atardecer espectacular. La lluvia ha cesado. El arcoiris formado minutos antes sigue desvaneciéndose. La ciudad está un poco congestionada. Los motocars van y vienen. La gente realiza sus actividades cotidianas con precisión de relojería suiza. Algunos charcos formados por la lluvia se evaporan lentamente. En la plaza un grupo de gente sigue el libreto de su vida sin conciencia de ello. Una pareja sentada discute una vez más, debido a los malos entendidos que el lenguaje castellano incluye en su uso. Un vendedor de globos preocupado por la bajas ventas y por las festividades que se avecinan, se prepara para embestir a un potencial cliente pensando en los regalos que podría comprar a sus dos menores hijos si logra esta y muchas otras ventas mas. En la esquina, señora que vende refrescos alista sus cosas pues ha terminado su día de trabajo. Tiene que llegar a su casa a preparar la cena para su hija que regresa del instituto. Orgullosa de que a su única hija le está yendo tan bien en sus estudios se esfuerza diariamente para que no le falta nada. Por eso hoy ha traído 5 baldes de refresco dos más que lo acostumbrado y lo ha vendido todo. Muy sonriente piensa, mientras termina de secar los últimos vasos, que el dinero extra que acaba de ganar y que ganará en los próximos días le servirá para comprarle los libros que tanto necesita su hija. Ha pasado un año de sus estudios y está en el segundo lugar de toda su promoción. No puede dejar que nada interrumpa sus estudios. “Ella tiene que llegar a ser lo que yo nunca pude porque nadie me ayudaba”. Más allá, un niño con su caja de marcianos maquina en su mente la excusa que le dirá a su mamá por no llevar el dinero de la venta del día. El se entretuvo toda la tarde con sus amigos y se fueron de excursión a las afueras del pueblo. Y justo cuando el calor arreciaba y al ver que no vendería nada en ese lugar decidió invitar a sus colegas de travesuras, todos sus marcianos y aliviar así en algo las penurias del sofocante calor. Ahora ya de regreso a su casa, recién ve la verdadera dimensión de las consecuencias de su espíritu solidario. Acaba de avizorar en su mente todo el esfuerzo que le puso su madre para hacer esos marcianos que debieron venderse. Un inmenso sentimiento de culpa y algo de rabia contra sí mismo crecen en su interior. A su corta edad, viene experimentando todo el arrepentimiento que pudiera sentir un criminal después de cometer un delito. Por otro lado de la plaza, en una banca está sentado alguien que en este momento no tiene conciencia de sí mismo. Divaga acerca de lo que cenará más tarde, o acerca de los problemas mecánicos de su moto. Extraña su casa, su gente, pero el trabajo lo llevado por ahí, tan lejos. Pero no quiere preocuparse, tiene que concentrarse en su trabajo. Tal vez cuando regrese llevará a su familia a cenar a un lujoso restaurante, para demostrarles lo bien que le está yendo y a manera de agradecimiento por tantos años de educación, compañía y amor.

En la plaza, en medio de tantas vidas, en medio de tantas historias, una niñita corre sonriendo, pues su papá la está persiguiendo y no quiere dejarse atrapar, pero cuando siente las manos de su padre entre sus brazos se deja caer porque sabe que él la levantará por los aires para de nuevo ponerla en el piso, y para que de nuevo empiece la carrera. Todo esto mientras ella se ríe a carcajadas. Ella está feliz porque no sucede muy seguido que alguien juegue tan dedicadamente con ella. Esta feliz porque ha estado con él todo el día, y todo el día lo han dedicado solo a pasear y jugar. En el río, en el hotel, por las calles y ahora en la plaza. Está feliz porque ahora tiene un globo nuevo todos los días. Ella no se preocupa de nada, pues piensa que ahora serán así todos los días y por eso también está feliz. Piensa que mañana también jugará y paseará todo el día con él. ¡…Uuupa..! de nuevo por los aires, y de nuevo la persecución. Ella no quisiera que este día acabe, pues la ha pasado de maravilla como los anteriores. Atrás de ella corre el padre, moderando su velocidad para seguirle el ritmo, pendiente de todos sus movimientos, pendiente de todos sus pasos, la levanta y de nuevo al piso, y de nuevo a correr. Esta feliz porque está jugando con su hija. Esa niñita tan traviesa e incansable que quiere hacer de todo. De lejos, dan la apariencia de dos locos corriendo por toda la plaza, en medio de la gente, riendo y gritando sin que nada mas les importe. Él la observa con mucho detenimiento como queriendo que su imagen quede grabada en su mente. Oye con cuidado las carcajadas que da, los gritos de alegría que da cuando es alcanzada y levantada por los aires. Esta atento a todos sus gestos. Tiene los ojos llenos de lágrimas, pues es la última noche con su hija a la que ve después de tantos meses. Estos 3 días con ella han sido los más hermosos de su vida. En la plaza de esa ciudad tan lejana de todo, en medio de tantas vidas, en medio de tantas historias, está el padre más feliz del mundo.

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