miércoles, 9 de diciembre de 2009

El mejor queso del mundo

Victor tiene ya 75 años de edad, vive en un pueblo casi olvidado en medio de un mapa que nadie vé. Payajana se ubica en algún lugar de Paurcartambo, tal vez en medio de la nada. Últimamente ha tenido dolores de próstata. El doctor ya le dijo que deje de beber su aguardiente, que es su licor favorito tanto por el precio como por la costumbre. Pero la fiesta de su pueblo fue hace sólo algunos días. El no se pudo resistir. Ahora esta pagando el precio de su desacato, un intenso dolor le aqueja. El pueblo más cercano esta a solo 1 hora de caminata. Para su buena suerte hay un puesto de salud en él. A pesar del dolor se enrumba hacia la búsqueda de su paz. En el puesto de salud le dicen que no lo pueden atender porque él pertenece a otro distrito, peor aún a otra provincia, en fin que no; su jurisdicción no corresponde ser atendido por ellos. A regañadientes y recordándose de la madre de los que lo rechazaron regresa a su pueblo. El puesto de salud mas cercano de su distrito esta en un pueblo a tres horas de camino. No puede creer lo ridículo que se vuelven los límites y la demarcación a veces. Pero el dolor lo empuja hacia la búsqueda de una solución. La única alternativa esta a la vista y no puede obviarla. Si tan solo viniera algún carro por esta carreterucha empolvada tendría un alivio, pero no. Nuevamente se encamina hacia la búsqueda de su felicidad. Le ponen una inyección que logra calmarle un poco el dolor. Felicidad. De regreso a su querida Payajana, siente que el dolor va cediendo. Al día siguiente dispuesto ya para hacer sus tareas cotidianas, maldición, regresa el dolor. No puede creerlo. Este ha venido mas intenso y él no está ya en condiciones de aguantar esta tortura. Maldita sea!

Tras una noche interminable amanece y aparece una luz de esperanza para Victor. El primer carro en un par de semanas ha llegado a su pueblo y siente que la paz se acerca. Les pedirá, les rogará, les suplicará si es necesario que lo lleven a Ocongate, el distrito de la otra provincia. Ahí no se hacen problemas sobre el origen de los pacientes y atienden a todos de buena gana. Lo importante es aliviar las penas de los sufridos pacientes. En el camino pasamos por unas construcciones de piedra ya abandonadas, restos de una antigua gloria, restos de una antigua alegría. “La hacienda de Otto de Bari preparaba el mejor queso del mundo lastima que murió sin dejar la receta a nadie, ni siquiera a sus propios hijos. Esos quesos eran famosos en todo el Cusco. A veces pienso que la vida con las antiguas haciendas era mejor".


Después de casi tres horas de travesía sobre una carretera en un pésimo estado, Ccarhuayo está a la vista, desde ahí no tendrá problemas en llegar a Ocongate. La agradable conversación le hizo olvidar el dolor al menos durante el viaje. Agradecido desde lo más profundo de su dolor, se despide de sus benefactores con un fuerte apretón de manos y palabras cariñosas de despedida que solo un hombre del campo puede decir. Gracias papá.


















Como un gesto de agradecimiento Victor accedió a posar para nuestra cámara en la plaza de Ccarhuayo.

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