Amador vino a Cusco para estudiar al igual que Amanda. A duras penas logró concluir sus estudios secundarios. Ahora trabaja en una mecánica. El es de una comunidad de la parte más recóndita de Paucartambo. A muchas horas de distancia. Por eso a veces pasa solo en la ciudad las fiestas de fin de año. Vive solo, trabaja casi todo el día, su sueldo apenas le alcanza para su subsistencia. Hace seis meses conoció a Amanda, desde ese entonces sus días se hicieron más soportables. A veces se encuentran en divertidas caminatas por las empedradas calles de la ciudad. Sin necesidad de gastar mucho se pueden vivir experiencias bonitas en estas calles tan hermosas.
Ella también viene de una comunidad alejada, de Chumbivilcas. Los padres de ambos muchachos, con la esperanza de darles un mejor futuro, los enviaron a la ciudad para que se eduquen, y quien sabe tal vez con un poco de suerte puedan seguir estudiando en algún instituto y conseguir un trabajo mejor recompensado. El trabajo en las chacra es duro, se cosecha solo lo justo para el consumo diario de una larga familia. Seguir aquí no tiene muchas oportunidades.
Los muchachos lo saben, cada uno a su manera. Avizoran un futuro esperanzador que la corta edad les permite soñar. El uno con tener su propia mecánica, la otra con ser guía de turismo. Aunque ambos se mantienen por su cuenta en esta excesivamente cara ciudad, aún no saben lo difícil que se hacen resolver ciertos problemas económicos que solo se presentan cuando uno aspira a más.
Pero hoy ha sido un día distinto para Amador. Hoy por primera vez ha tenido el placer de cambiar el aceite a un carro de lujo. Ha visto de cerca lo que algún día sueña con manejar siquiera. Los asientos de piel, ese timón tan elegante y todas esas agujas tan modernas. Y con un motor impecable. Se ha sentido por fin alguien importante. El día se corona con la propina que ha recibido del dueño. Tal vez porque le sobra la plata o porque ha visto el esmero que le puso el muchacho en su trabajo. Lo importante es que Amador ya está planeando en que gastar esos 10 soles extra. Llevará a Amanda a algún bonito lugar, y comerán algo delicioso.
El número seis es apuntado por la manecilla pequeña. El ya lo sabe, pero no quiere ser el primero en irse. Espera pacientemente la marcha del último cliente. El cierre de la puerta, el apago de las luces y la venia del jefe. Se va a cambiar. Mientras lo hace repasa imaginariamente sus planes. Recalcula su presupuesto gratamente aumentado con una inesperada propina. Sabe que no es mucho, pero que al menos ayudara en algo. Es el último día del año y recuerda a sus padres. En este día ellos siempre cenan en casa a alguna mascota engordada durante el año. Este año debió ser lechón piensa. Imagina a su madre soplando el fogón de la cocina con el fin de dorar mejor la carne. Su padre regresando de la chacra donde se hace el último revuelco de la tierra lista a ser sembrada el primer día del año.
Amanda, ya salió del restaurante donde trabaja. Aunque ella no recibió ninguna gratificación tiene el orgullo de haber terminado la secundaria con notas al menos pasables. Rumbo a su casa ha pasado por el instituto de inglés en el que quiere iniciar su carrera turística. Tal vez el próximo año se dice. Ahora está en su cuarto alquilado desde hace ya cinco años. Se trata de arreglar lo mejor que le permite el espejo que se ha comprado hoy. Sabe que tiene que impresionar a Amador. Hoy es especial, van a planear juntos las metas individuales y colectivas que tienen ambos para el año que se avecina. Aunque aún no se puede decir que sean enamorados, ella sospecha que hoy él se le puede declarar. El último intento fue hace meses y terminó con un Amador mas avergonzado que entusiasmado. Desde entonces ella se ha esmerado en dar todas las señales posibles para darle más confianza. Darle la seguridad de que ahora si será aceptado.
El ya lo sabe, pero no lo hará todavía. O al menos no lo tiene planeado. La combi lo ha dejado una cuadra antes de la plaza en la que se encontraran. Una suave lluvia acaricia el rostro de ella que esta desde hace 5 minutos esperándolo. El tratara de ver en esa cuadra faltante algo que le pueda comprar para obsequiárselo. Ella ha preparado una pequeña cena con la carne de alpaca que le mandado su madre, mira impaciente el taper en donde está, deseando que no se enfríe mucho. El hace algunas preguntas por aquí y por allá, nada le convence o mejor dicho nada le alcanza. Ella lo ve a lo lejos, se ha detenido en un puesto de ropa, y lo único que alcanza a ver son las manchas amarillas del puesto. El ha regateado un poco el precio, no quiere aparentar su escasez y al final ha hecho la compra. Ella toca una vez más el taper, aun está caliente. Ambos comerán del mismo plato, será suficiente, tendrá que serlo. Él le da un tímido beso en la mejilla como siempre. Desde aquel intento fracasado no quiere dar muestras de debilidad. El se sorprende por el delicioso obsequio, ella por el no tan acertado obsequio. No tenía planeado usar ropa interior amarilla esa noche. Ambos disfrutan de una agradable cena común. El cuenta la gran hazaña de la propina, y ella lo escucha con atención. Luego ella hace lo mismo con el soñado instituto y la compra de un gran espejo.
La lluvia decae de a pocos. El plato lamentablemente se ha consumido. Queda la sensación de ausencia de algo más. Entonces se le ocurre a él darle el uso que se merece aquella propina. El supermercado esta allá en frente esperándolos. No puede haber fin de año sin no hay champagne. Ellos nunca lo han probado, construyen imaginariamente aromas y sabores irresistibles sobre él. Naturalmente buscan el más económico. Una amable degustadora les ofrece un par de vasitos con una sonrisa en los labios con la esperanza de convencerlos. Ellos lo prueban con la esperanza de corroborar sus imaginaciones. Les ha gustado, la vendedora los presiona, él no quiere quedar mal delante de su amada. Ella disimula su mirada con el fin de no presionar. El se decide por la botella y la toma con un gesto de caballero dantesco y un aire de autosuficiencia. Se acercan a la cajera. El saca su billetera con una mirada más que triste dirigida al suelo. Ha sido un sobreprecio considerable. Ella le toma de la mano dándole valor. Alguien les observa desde la otra caja. Alguien que más tarde escribirá sobre ellos. Ellos no le conocen, tampoco él, pero esa sola imagen ha sido suficiente para saber toda su vida. Ellos se van, un tanto contentos y orgullosos con la compra. Seguramente lo disfrutaran mucho. La belleza no ha bendecido sus rostros, pero si sus corazones y también este su día.
2 comentarios:
... Y ESA HISTORIA DE ONDE LO SACASTE EL DE MECANICO SE PARECE MUCHO A TU HISTORIA RECUERDAD Q LE CAMBIASTE EL ACEITE AL Q TE RECOMENDO EN ESA ACADEMIA Q NO ME ACUERDO COMO SE LLAMA...
Se parece solo en el personaje pero no en la historia, la historia me la inventé....y si pues, que será de ese gran señor que me recomendó para la academia Ingeniería.... desde aquí y en donde esté un gran abrazo y un verdadero gracias.. de por vida...
Publicar un comentario